Vida y Muerte

En la tradición Zen recitamos al final de cada día,”la vida y la muerte es el asunto esencial”, clarificar este punto es muy importante. Muchas personas me preguntan cual es la visión del budismo ante la muerte, ¿qué pasa cuando morimos? ¿hay un alma en el budismo que renace en un nuevo ser? ¿el budismo cree en la reencarnación? etc…

Para entender la muerte desde la perspectiva del budismo os dejo el siguiente vídeo de mi maesto Dokushô Villalba

Y un resumen de este texto de María Teresa Román López que me ha parecido muy completo y que explica la postura del budismo ante la vida-muerte. Espero que os sea clarificador.

Resumen:

Desde el punto vista budista, la vida y la muerte son un todo único, en el cual la muerte es el comienzo de otro capítulo de la vida. La muerte es un espejo en el que se refleja todo el sentido de la vida.

El budismo es la única filosofía y tradición sagrada que afirma enfática y persistentemente la inexistencia del Yo o Âtman. No hay una realidad interior, jîva, alma, yo o âtman, que sobreviva a la muerte. Según la doctrina budista:

«La idea del Yo es una creencia falsa e imaginaria que carece de una realidad correspondiente, y la causante de los dañosos pensamientos de «yo» y «mío», así como de los deseos egoístas, de la avidez, del apego, del odio, de la mala voluntad, del engreimiento, del orgullo, del egoísmo y de otras máculas, impurezas y problemas […] Es la fuente de todas las perturbaciones existentes en el mundo, desde los conflictos individuales hasta las guerras entre naciones» .

Del Sermón de Benarés a sus últimas palabras, el Buddha hace especial hincapié en que todo es transitorio, incluso el yo. En el Mahâ-Parinibbâna-Sutta (III, 66), hallamos las últimas palabras pronunciadas por el Buddha antes de morir: «Todas las cosas compuestas tienden hacia el envejecimiento. Trabajad diligentemente por vuestra salvación».

No es fácil encararse con la idea de la total desaparición del propio yo, a pesar de que este trabajo hecho de forma consciente conduce hacia la disolución del sufrimiento:

«No hay cuerpo que sea permanente, estable […], no hay sentimiento, ni percepción, ni actividades, ni conciencia de ninguna índole […]. Entonces el Buddha puso en su mano un trozo de excremento de vaca y dijo a su hermano: aunque se consiguiese un fragmento pequeño de yo como éste, hermano, no sería permanente, estable ni eterno».

Mediante un análisis riguroso el Buddha señala que todo cuanto existe en el mundo puede ser clasificado en cinco categorías, «elementos», «conjuntos» o «agregados» (pâli, khandhâ); éstos describen, de modo sucinto, el universo de las cosas y la condición humana. Y son:

El agregado de la materia (pâli, rûpakkhandha) que abarca el reino de la sustancia física; el agregado de la sensación (pâli, vedanâkkhandha ); el agregado de la percepción (pâli, saññakkhandha ); el agregado de las formaciones mentales (pâli, samkharâkkhandha ); el agregado de la conciencia (pâli, viññânakhandha ). Sólo el nirvâna no está condicionado ni “construido”; por consiguiente, no puede ser ubicado entre los “agregados”. Según palabras del Dhammapada (146-148):

Mediante un análisis riguroso, el budismo, señala que detrás de los cinco agregados no aparece nada susceptible de ser interpretado como el “Yo”, Âtman o alguna sustancia permanente e inmutable.

Desde tiempos remotos hasta la actualidad, existe la creencia de que hay en el ser humano una conciencia en forma de un yo permanente y duradero o un alma, que persiste mientras dura la vida y, a la muerte, transmigra de una vida a otra enlazando entre sí las diferentes existencias. Sin embargo el budismo niega rotundamente la existencia de un yo o alma eterna e inalterable,creada por la deidad o emanada de una esencia divina.

Según el Samyutta Nikâya (III,130):

«No se habla del ‘Yo’ como un cuerpo, o como un sentimiento y así sucesivamente. Sin embargo, veo que estos cinco grupos de apego me conducen a la idea de un ‘Yo’. ‘Soy yo’ no se puede hallar entre estos agregados».

Por consiguiente cuando los agregados se dispersan nos hallamos en presencia de la muerte, y como no hay nada aparte de los khandas, no hay yo que deba renacer:

«los Agregados cesan y nada existe; la disgregación de los agregados es conocida como muerte»

¿Significa esto que la muerte es la disolución o el final de lo que conocemos como vida, sin ninguna consecuencia futura? Los textos budistas insisten en que no hay un yo o un alma que renazca a lo largo de este proceso, pero afirman que existe una continuidad de la consecuencia. El Buddha de hecho, se mantuvo alejado de las creencias que mantienen que hay un alma inmortal e inalterable y de las que sostienen que ningún elemento de la vida actual se continúa en otra, proponiendo en su lugar una vía media entre ambas creencias.

«¿Cómo es que no hay eternidad? Porque unos son los skandhas (componentes) al término de una vida y otros los skandhas partícipes del nuevo nacimiento (no que los skandhas del término de una vida sean los mismos que participan en el nuevo nacimiento). Los skandhas que figuran en el término de una vida quedan interrumpidos; y surgen los skandhas partícipes de una nueva vida: por eso no hay eternidad. ¿Cómo es que no hay aniquilación? Porque los skandhas partícipes de un nuevo nacimiento no surgen cuando ya han sido interrumpidos los skandhas del término de una vida, ni tampoco cuando éstos aún no han sido interrumpidos: los skandhas del término de una vida se interrumpen y en ese mismo instante surgen los skandhas partícipes del nuevo nacimiento. Por eso no hay aniquilación. Así se forma la serie de los seres, sin soluciones de continuidad que permitan hablar de una aniquilación y sin subsistencia de elementos que permita hablar de eternidad. Esa serie es, de acuerdo con un repetido ejemplo, como la llama que encendida al oscurecer arde hasta mañana, sin ser la misma y sin que, en rigor, pueda decirse que sea otra».

¿Y si no existe un yo que renazca? La reflexión budista señala que existe la consecuencia kármica, que mana de una existencia a otra. Los componentes o elementos de cualquier manifestación de vida son la puesta en escena de una historia previa muy extensa, gobernada por el karma.

Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado: se funda en nuestros pensamientos, se hace a partir de nuestros pensamientos. Si un hombre habla o actúa con pensamientos positivos, la felicidad le sigue como una sombra que nunca le abandonará.

Por consiguiente, las reencarnaciones positivas o negativas no se pueden considerar como castigos o recompensas, sino sencillamente como efectos naturales de ciertos comportamientos:

El karma a menudo se compara con una semilla, y los dos términos que designan un resultado kármico, vipâka y phala, significan respectivamente «maduración» y «fruto». Así, una acción es como una semilla que, tarde o temprano, y como parte de un proceso de maduración natural, producirá frutos ajustados al autor de la acción. Lo que determina la naturaleza de la «semilla» kármica es la voluntad o intención subyacente a una acción […] Los aspectos de la vida que se consideran consecuencias del karma pasado incluyen el tipo de renacimiento de la persona, su clase social al nacer, su carácter general, los acontecimientos cruciales, buenos y malos, que le suceden, e incluso la manera en la que experimenta el mundo».

Fue el propio Buddha quien incorporó a su enseñanza la antigua creencia india de la reencarnación y el karma. Estos dos conceptos ocupan un puesto de primer orden en la doctrina budista. A éstos hay que sumar la creencia en la inexistencia del yo.

Si no existe un yo o alma, ¿qué es lo que pasa de una vida a la siguiente? No parece que se trate del yo, al menos en el sentido que se le da a un único sujeto de la experiencia que pasa de una vida a la vida siguiente:

«Imaginad, hermanos, que el río Ganges arrastrara una inmensa cantidad de espuma, y que un hombre de vista normal tuviera que mirarla atentamente e incluso observar el interior de su naturaleza. Al mirarla, observarla y penetrar en su naturaleza, debería encontrarla vacía, insustancial y carente de esencia […] Del mismo modo, ¿qué esencia, hermanos, podría haber en un cuerpo? […] ¿qué esencia, hermanos, podría haber en la sensación? […] Igualmente con la percepción […] ¿qué esencia, hermanos, podría haber en las actividades? […] ¿qué esencia podría haber en la conciencia?».

Sin embargo, no es imposible referirse a una reunión de elementos y denominarle fulano de tal:

«Esta agregación particular, que constituye la forma humana de la apariencia, la constituye de manera tal que tiene conciencia de sí misma, y puede por tanto referirse a sí misma empleando el ‘yo’. Además, se constituye de manera tal que también tiene memoria de su condición precedente (incluyendo, al menos de manera potencial, la memoria de su condición en formas de apariencia anteriores a su vida en concreto). Con todo y con eso, este sentido de ser el que soy, y de ser una identidad que se continúa en el tiempo, no crea ni tampoco constituye un yo que se sostenga gracias a sus elementos agregados; simplemente apunta al complejo de los fenómenos que se desprende de esta clase de agregación (humana), que sí tiene esas propiedades autorreferenciales y una identidad persistente, pero no eterna».

Puesto que para el budismo no hay yo, alma, âtman o sustancia eterna e inalterable, sino sólo la continuidad misma, es obvio que no se puede hablar de “renacer”. Cuando una persona muere, el resultado kármico no agotado es transferido a la siguiente vida. Este proceso se describe mediante distintos simbolismos. Uno de los más empleados es el de la llama que arde toda la noche: no es la misma, ni tampoco otra diferente.

«Un niño crece hasta llegar a ser un hombre de 60 años, por ejemplo, y, ciertamente, éste no es el niño de 60 años, mas tampoco es otra persona. De igual manera, el ser que muere aquí y renace allá, no es el mismo, empero, tampoco es otro. Es una continuidad de la misma serie. La diferencia entre la vida y la muerte estriba en que únicamente un momento de pensamiento, el último momento de pensamiento en esta vida, condiciona el primer momento de pensamiento de la llamada vida siguiente que, en realidad, es la continuación de la misma serie. Así durante esta misma vida, un momento de pensamiento condiciona el momento de pensamiento inmediatamente sucesivo […] Mientras hay “sed” de existir y de devenir, el ciclo de la continuidad (samsara) prosigue. Sólo podrá detenerse cuando su fuerza directriz, es decir, esta “sed” sea desarraigada mediante la sabiduría que ve la Realidad, la Verdad, el Nirvana ».

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Si queréis profundizar os aconsejo la lectura completa del texto:

El budismo ante la muerte

Dra. María Teresa Román López. UNED

http://www.ull.es/congresos/conmirel/roman1.html

photo credit: victor_nuno via photopin cc

Moltes gràcies pel teu comentari.