PAZ en la república

Leyendo el libro de Sharon Salzberg – Amor incondicional uno se va encontrando joyas como esta:

“…Servimos así a menudo en la vida como espejo de otro. Contemplamos a los demás para averiguar si es posible que nos amen; los observamos para descubrir si somos capaces de sentir amor; buscamos en otros un reflejo de nuestra irradiación innata. ¡Qué don tan inmenso el que hace posible que alguien recobre la conciencia de su propio encanto! Cuando advertimos la virtud en otros, les permitimos «florecer por dentro, por su propia gracia».

Ver la virtud en alguien no implica ignorar sus cualidades difíciles o sus acciones torpes. Cabe, por el contrario, reconocer esos inconvenientes, mientras que al mismo tiempo optamos por concentrarnos en lo positivo. Si nos fijamos en lo negativo, sentiremos naturalmente ira, resentimiento o decepción. Si nos concentramos en lo positivo, forjaremos una vinculación con esa persona. Cuando observemos entonces sus características o acciones negativas, procederemos como amigo suyo.”

¿Cuántas veces nos empeñamos en poner el foco de nuestra atención en los apsectos negativos de nuestras relaciones? Con nuestras amistades, con los compañeros de trabajo, con nuestro/a compañero/a sentimental, familiares…

Mientras escribo estas líneas oigo a mi hijo de fondo repetir sus primeras palabras “molt mal, molt mal” (menos mal que antes dijo mamá y papá) no es casualidad que haya aprendido a decir “muy mal” antes que muy bien…

Esta percepción de la realidad la tenemos grabada a fuego desde
nuestra más tierna infancia y la transmitimos inconscientemente de generación en generación, forma parte de nuestra responsabilidad como adultos no perpetuar estas actitudes… Pero para ello hay que estar muy atentos y empezar por uno mismo.

Este es uno de mis prósitos ahora que empieza el año, ser amigo de mi mismo poniendo el acento en mis virtudes sin perder de vista mis torpezas ni mis cualidades más difíciles. Basta ya de generar odio e ira hacia mi mismo. Cese la guerra interna, PAZ en la “república de yoes”.

3 thoughts on “PAZ en la república

  1. En “Solo con otros: una aproximación existencial al budismo”, Stephen Bachelor dice algo del mismo orden: “El apego interesado (‘desirous attachment’) ve al otro como esencialmente deseable y procura atraer a él o ella a la propia posesión o esfera de influencia. La aversión, por otra parte, ve al otro como esencialmente indeseable o incluso repulsivo e intenta eliminar a la persona del propio círculo de amistades. La indiferencia es un actitud en la que el otro simplemente no importa, y sus sufrimientos y alegrías son absolutamente inconsecuentes. De esta forma nuestras relaciones con los otros están limitadas a la manipulación de unos pocos individuos que inciden en el dominio de nuestros propios intereses, y a ignorancia de todos los otros muchos que caen fuera de este dominio.”
    Todo esto sería ejemplo de una forma inauténtica de ser-con-el-otro, que es existencialmente constituyente de nuestro mismo ser (no es ni siquiera concebible una existencia sin otros). Pero sin embargo, “La ecuanimidad ve a los otros como son; nadie es esencialmente deseable, nadie es esencialmente repugnante, y ninguno es esencialmente insignificante. Todos somos seres igualmente sintientes, esperando y temiendo, amando y odiando, viviendo y muriendo”.

  2. Ayer me faltó tiempo para comentar una cosa más antes de dejarte tranquilo el blog. Se trata de más referencias, esta vez sobre la “república de los yoes”. Decia Pessoa: «Soy la escena viva por la que pasan varios actores representado varias piezas». Con la edad probablemente uno aprende a impedir que salgan a escena cuando les dé la gana; aunque no siempre se percibe uno así, en otros momentos, como decía la letra de una canción, se tiene la sensación de que uno es el público y el único actor (claro, vivir solo tiene estas cosas, a ratos… 🙂

    Pero la aproximación más divertida que conozco es la de Stanislav Lem, autor polaco, en sus «Diarios de las estrellas. Viajes.» En ella, Ijon Tichy, astronauta, y su nave atraviesan una distorsión gravitatoria que produce ciertos efectos temporales: está dormido cuando de pronto otro Ijon Tichy le despierta y le intenta convencer para que lleve a cabo una reparación para poder salir del desaguisado. Piensa que está soñando, no le hace caso; al poco es él quien está intentado despertarse a sí mismo: ésta es la consecuencia de la distorsión temporal en la que está atrapado, cada vez que la atraviesa se generan copias de sí mismo. Se va encontrando después con otras copias, tiene que identificarse por el día de la semana:

    «¿Quién hay aquí? –grité sorprendido.
    –Yo –contestó una voz desde dentro.
    –¿Quien es ese “yo” –Ijon Tichy
    –¿De qué día? –Del viernes. ¿Qué quieres?»

    Finalmente incluso tiene que ponerse zancadillas para impedirse hacer cosas que el “yo” del futuro sabe equivocadas («¡Canalla, cerdo! Hacerse esto a sí mismo. ¡Qué animalada!»), y al final las peleas son inevitables:

    «–Quítate la escafandra! –grité, amenazador.
    –¡Vete al cuerno, el del jueves! –exclamó.
    –¡No soy del jueves! ¡Soy del DOMINGO! –vociferé, acometiéndole.»

    La situación empeora: cada vez aparecen más Ijon Tichy más separados en el tiempo. Las peleas se generalizan: «Pero prefiero dejar ya en el olvido aquellos momentos desagradables, visto que el hombre que durante una semana no hizo más que pegarse a sí mismo, no tiene de veras de qué enorgullecerse». Se ve forzado a organizar, «después de esfuerzos sobrehumanos», una especie de asamblea, una comisión escrutiñadora, otra de arbitraje y otra de mociones libres. Con ello, tiene incluso que organizar unas elecciones…

    No es tan fácil llevarse bien con uno mismo. Perdona el ladrillo, esto no lo va a leer nadie. Te dejo ya tu espacio, tu cueva, para cosas más serias.

    • Muchas gracias por el regalo Víctor, Stanislav Lem parece muy divertido, tendré que leerlo.

      PAZ en la “república de yoes” es una enseñanza que he oído muchas veces a mi maestro Dokushô, desconozco si habrá leído a Stanislav, cuando te sientas a practicar meditación esa república se hace evidente y la imagen de sentar a todos mis yoes y ponerlos de acuerdo para ir en una dirección concreta a mi me sirve y al mismo tiempo me resulta sanadora.

      También me recuerda a las enseñanzas del Cuarto Camino de Gurdjieff y Ouspensky que también estudié en su momento ;D pero esta es otra historia.

      Gracias de nuevo por llamar la atención sobre esta entrada del blog que al releer me conecta con mi compromiso de poner el foco donde hay que ponerlo, qué fácil es olvidar este punto en mi caso.

      Abrazos.

Moltes gràcies pel teu comentari.